Ignacio Paja Fano / Profesor de CMI Higher Education
Durante muchos años, las decisiones de inversión realizadas por empresas y particulares han sido el motor del desarrollo de las economías de mercado en cualquier país libre. Los criterios de selección de nuevas inversiones se han ido sofisticando con el tiempo, y la sostenibilidad se ha convertido en un factor fundamental que hay que tener en cuenta, por las razones que analizaremos a continuación.
Desde una perspectiva histórica, los métodos de análisis de inversiones en la iniciativa privada y empresarial han pasado por tres etapas distintas:
1. Método intuitivo
Este modo de seleccionar inversiones podría denominarse de muchas maneras. Se basa en «tener buen olfato» o en escuchar la opinión de un experto, o simplemente de algún conocido, que nos recomiende dónde invertir. Es bastante habitual entre particulares y es el método menos científico, aunque en empresas pequeñas o familiares se pueden seguir tomando decisiones de inversión de este modo.
No hay ningún análisis de rentabilidad, ni un estudio de mercado serio, ni un análisis detallado de la competencia o de la rentabilidad futura de la inversión. Tampoco se analiza la sostenibilidad de la inversión ni su impacto medioambiental, social o de cualquier otro tipo en la comunidad de stakeholders que rodea a la empresa.
2. Método científico
Aquí se trata de elegir las inversiones más convenientes, pero tras una serie de estudios y trabajos previos que permiten centrarse en las más atractivas.
Se realiza un análisis exhaustivo de varios factores, como las tendencias del mercado, el desempeño financiero, las perspectivas del sector y el panorama competitivo. En el caso de las empresas, ese análisis se traduce en un modelo financiero que compara el importe inicial de la inversión con el cash flow anual que genera. La rentabilidad obtenida se compara con el coste de los fondos propios o de la financiación ajena utilizada para pagar la inversión y, en consecuencia, se decide si seguir adelante. Las técnicas más utilizadas son el análisis del VAN, la TIR o el período de recuperación (payback).
Un aspecto fundamental de este método es evaluar el nivel de riesgo, ya sea una inversión particular o corporativa. Las inversiones de alto riesgo suelen ofrecer la posibilidad de obtener mayores rendimientos, aunque puede que no se materialicen. Las de bajo riesgo y más diversificadas rinden menos, pero reducen el riesgo.
En este tipo de análisis, la consideración de los factores de sostenibilidad es mínima o prácticamente inexistente: el criterio de selección es el de mayor valor financiero, una vez analizados el mercado, los competidores, etc.
3. Inversiones basadas en criterios sostenibles
Este método no anula los dos anteriores, pero incorpora nuevos aspectos decisivos para optar por una u otra inversión.
Tabla comparativa: proyecto tradicional frente a proyecto sostenible
| Dimensión | Enfoque del proyecto tradicional | Enfoque del proyecto sostenible |
|---|---|---|
| Ambiental | Cumplimiento mínimo de la normativa. Considera el medio ambiente una fuente de recursos que explotar. | Busca un impacto positivo. Prioriza las inversiones en conservación, restauración y uso de energías renovables. |
| Social | Los impactos sociales se perciben como externalidades que deben gestionarse o compensarse. El enfoque se centra en el empleo que crea la inversión, sin priorizar su calidad. | La comunidad se considera un socio clave. Se centra en el desarrollo local, el trabajo digno y la mejora de la calidad de vida. |
| Económico / Gobernanza | Maximización de la rentabilidad a corto plazo para los accionistas. No se internalizan los costes ambientales ni sociales. | Creación de valor a largo plazo para todos los stakeholders. La eficiencia en el uso de los recursos y la innovación generan una rentabilidad duradera. |
La inclusión de los aspectos sostenibles en el análisis de inversiones es un fenómeno imparable, y la regulación europea así lo confirma. La directiva CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive) obliga a las grandes empresas a informar en detalle sobre todas las cuestiones ESG (Environmental, Social and Governance). Por otro lado, el reglamento SFDR (Sustainable Finance Disclosure Regulation) obliga a las entidades financieras a clasificar sus productos de inversión según criterios ESG.
En resumen, la selección de inversiones corporativas o particulares exige, además del análisis financiero, un estudio detallado de todas las cuestiones ESG, cuyo cumplimiento refuerza la rentabilidad a largo plazo.
Sobre el autor
Ignacio Paja Fano es profesor de CMI Higher Education en las áreas de MBA, Finanzas Sostenibles y Dirección de Marketing y Comercio Internacional Responsable. A lo largo de sus 40 años de carrera ha ocupado puestos de alta dirección en empresas industriales nacionales y multinacionales, sobre todo de los sectores de alimentación y papelero, con experiencia acreditada en las áreas financiera, comercial, de compras y logística. Es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Deusto y ha cursado el Máster en Dirección Financiera y Control (IE), el PADE – Programa de Alta Dirección de Empresas (IESE) y el Máster en Dirección de Recursos Humanos (EAE). Ver su perfil.
