Brecha digital e inclusión financiera

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A nivel mundial existe una severa brecha digital (identificado en 9 ODS por la ONU y exacerbado por el contexto de la pandemia) y un acceso limitado a cultura financiera, medios de pago y servicios financieros. En los países en vías de renta media y

A nivel mundial existe una severa brecha digital (identificado en 9 ODS por la ONU y exacerbado por el contexto de la pandemia) y un acceso limitado a cultura financiera, medios de pago y servicios financieros.  En los países en vías de renta media y baja la exclusión financiera (la inclusión financiera es un factor que propicia 7 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible) es una realidad que dificulta enormemente la salida de la espiral de la pobreza de muchas personas que apenas pueden acceder a productos de ahorro o seguros. También afecta muy negativamente a la formalidad de la economía, numerosos emprendedores que han ido creciendo fuera del sistema financiero se encuentran con que han sido capaces de crear negocios rentables y emplear a personas, pero carecen de la mínima estructura económica que lo muestre y les permita acceder a créditos o incluir en el sistema de prestaciones sociales a sus trabajadores.

En los países desarrollados caracterizados por una población cada vez más mayor, cuando hablamos de exclusión financiera con frecuencia pensamos en las personas gravemente afectadas por el cierre de sucursales que les permiten operar con sus cuentas, y que se ven excluidos del sistema porque no emplean herramientas tecnológicas. Dar solución a este reto es una prioridad en países como España, pero no es el tema que nos atañe en este post.

El tema que hoy nos ocupa es la inclusión financiera en países de renta media y baja y en este caso la digitalización puede convertirse en un gran aliado, que nos permita combatir la brecha digital y financiera de manera conjunta. Casi la mitad de los habitantes del planeta -alrededor de 3.600 millones de personas- no tiene siquiera acceso a la red, según advertía a finales de 2019 la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el organismo especializado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La brecha digital afecta al 52 % de las mujeres y al 42 % de los hombres del mundo. Con una especial desigualdad geográfica en África solo el 39,3 % de sus habitantes viven conectados, frente al 87,2 % de los europeos y el 94,6 % de los norteamericanos. (datos extraídos del portal Internet World Stats a mayo de 2020).

De acuerdo con los datos del Fondo Monetario Internacional, cerca de 1.700 millones de personas adultas en el mundo no están aun bancarizadas. En América Latina, en promedio, solo el 45,8% de las personas mayores de 15 años tiene acceso al sistema financiero (Cepal). El Banco Mundial, calcula que alrededor de 200 millones de pequeñas y medianas empresas estarían privados de los servicios financieros básicos y del crédito.

En la actualidad, más del 50% de los habitantes de los países en desarrollo tiene un teléfono móvil, mientras que solo uno de cada cuatro de ellos tiene cuenta corriente. Se esperaba que la penetración de los teléfonos inteligentes o ‘smartphones’ fuera, en 2020, prácticamente la misma en Hispanoamérica que en Europa, y que en África, la zona con mayor retraso, se encuentran en un 60%, aproximadamente.

Ante este contexto el G20 se comprometió en la Cumbre de Seul 2010 a promover la inclusión financiera en todo el mundo (i) y reafirmó su compromiso de aplicar los Principios de Alto Nivel para la Inclusión Financiera Digital. Desde entonces, más de 55 países se han comprometido a implementar la inclusión financiera, y más de 30 de ellos han puesto en marcha o están preparando una estrategia nacional al respecto. Las investigaciones realizadas en el GBM indican que el ritmo y el impacto de las reformas aumentan cuando un país aplica una estrategia nacional de inclusión financiera.

La brecha digital constituye una forma de pobreza y exclusión social, al privar a una parte de la ciudadanía de recursos esenciales para desarrollarse y generar riqueza. Produce incomunicación y aislamiento (rural o urbes), es una barrera al estudio y al conocimiento, acentúa las diferencias sociales y perjudica más a las mujeres que a los hombres. Cuando hablamos de brecha digital, hay que tener en cuenta que no solo es el acceso a la tecnología si no a las competencias digitales que permitan el manejo de la tecnología. En este sentido, y por poner un ejemplo, la UIT señala que hay 40 países en los que más de la mitad de sus habitantes no saben adjuntar un archivo a un correo electrónico.

En este contexto es importante comentar que el coste de un smartphone actualmente puede estar entre 20$ y 30$, lo cual facilita el acceso a todas las capas de la población, pero para que sea funcional es imprescindible fomentar la conectividad de algunas zonas del mundo y aumentar la cultura digital de las personas. Fomentar la inclusión financiera a través de esta vía es una interesantísima manera de agilizar el proceso. Una cuenta de transacciones móvil facilita el acceso, no solo al dinero y al crédito, sino también a las coberturas públicas y a un conjunto de servicios como el agua, el transporte, la sanidad o la educación

La inclusión financiera permite ayudar a aumentar el potencial de generación de ingresos de las personas; contribuyendo a aumentar su capacidad de cubrir necesidades básicas como la educación y la salud; y ayudando a las personas a ahorrar para la jubilación o imprevistos en sus vidas. Además, la mejora de la cultura financiera hace a las personas menos vulnerables al endeudamiento excesivo y al engaño. Pero para ello, es importante también el desarrollo de instrumentos financieros acordes a las necesidades de las personas de bajos recursos.

No puedo terminar este post sin hablaros brevemente de M-Pesa. En 2007, más de la mitad de la población de Kenia tenía acceso a un teléfono móvil. Vodafone puso en marcha M-Pesa un proyecto para convertir el móvil en un medio de pago que en su desarrollo también ha permitido la contratación de seguros médicos, de cosecha, créditos..  El impacto en el PIB keniano fue del 6,5% en 2018, dando empleo a más de 170.000 personas, de las que una tercera parte son mujeres. Se calcula que más del 2% de las familias del país ha salido de la situación de pobreza gracias al acceso a este servicio y la inclusión financiera que supone. Entre las familias en las que la cabeza de familia es una mujer, la proporción se duplica.

Además, a través de sólidas relaciones con los principales operadores de transferencia de dinero como Western Union, MoneyGram, World Remit, Remitly y MFS Africa, M-Pesa es el destino de más de US $ 1.5 mil millones de remesas cada año, incluido el 60% de las remesas formales a Kenia y el 20% a Tanzania. En algunos informes se pone de manifiesto como las Fintech y sus aplicaciones móviles permiten reducir el coste del envío de remesas en un 50%. Las remesas internacionales contribuyen al logro de 12 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. En particular, se ha comprobado que un aumento del 10% en las remesas per cápita conduce a una reducción de la pobreza en un 3,5% (Naciones Unidas, 2020).

Por la Doctora Edurne Alvarez de Mon González,  profesora de CMI en Innovación social y digital.

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